Entradas archivadas en 03 Estrategias de Identidad

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Soy alguien puntual: siempre llego 15 minutos tarde, exactamente. Juego a apurar los tiempos, a resolver el puzzle que es mi agenda con el mayor número de piezas posible.

Ahora me propongo hacer la cosas despacio, erradicar la prisa y “concederme tiempo” para estar en calma. Ir a contracorriente de la ciudad, abandonar el paradigma fe la escasez (“me falta tiempo”) en favor del de la abundancia.

Sacrifiquemos la vaca sagrada de la productividad. La eficiencia no está en nuestras manos, está escrita en las leyes de la termodinámica: wu wei.

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Actualmente, en el ámbito del arte, sólo HACEN algo aquellos que tienen un problema. Que no pueden evitar hacer. El resto estamos paralizados bajo el peso del discurso.

Cantar el orden de la máquina, o su destrucción.

Rascar allí donde pica, encontrar nuestra problemática. ¿Qué me molesta? El despertador, la puntualidad forzada, los plazos de los mercados y el aparato estatal/industrial. El dominio mediante el tiempo… sí, la máquina. En su forma más íntima, en su expresión más invisible: el paso de las horas.

Las horas ni pasan ni existen.

Trabajo de campo – Exterior

Sábado 19:

Linea C1

56 paradas
Domingo, bajando en cada parada:
Tiempo promedio entre paradas = 7 minutos
Tiempo promedio total = 7 x 56 = 392 minutos ~ 6 horas y media

(fuente: http://www.emtmadrid.es/mapaweb/emt.html)

Traveling the Long Way (I)

CORTÁZAR Julio y DUNLOP Carol, Los Autonautas de la Cosmopista, Madrid, Alfaguara, 1996

Una tarde de mayo de 1982,Carol Dunlop y Julio Cortázar emprenden un viaje por la autopista del sur, un juego de «treinta y tres maravillosos días», cuyo reglamento severo, obligaciones y prohibiciones estrictas, ellos mismos se han impuesto.Como los navegantes de antaño, los viajeros resuelven llevar un detallado libro de bitácora donde registrarán no sólo el rumbo, sino la flora y la fauna fantásticas que van abriendo a lo largo del camino, y también las acechanzas y las amenazas más aterradoras: brujas, agentes secretos, ominosos camiones de procedenciá ignota empeñados, inútilmente, en hacer fracasar tan azarosa empresa. Como verá el lector, la realidad y los sueños se entrecruzan en esta «interminable fiesta de la vida», relatada en una prosa que oscila entre la comicidad y una ternura desgarradora, para concluir con la melancolía de la experiencia que se presiente única, cuando llega ineluctablemente a su término.

(fuente: http://www.alfaguara.com/es/libro/los-autonautas-de-la-cosmopista/ 31/10/2011)



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